miércoles, junio 29, 2016





SALVO ALGUNAS PALABRAS

1

Salvo algunas palabras
todo es innecesario

Si digo: azul
para pintar de nuevo el cielo
puede rodar el mundo sobre la arena

Si digo que me comí un pez
el azul se tiñe de sangre

Adiós  a la máquina exacta
porque antes de partir
de memoria recitaba su nombre

Alumbraba / Iluminaba
por no dejar que salten los gritos
y el mundo quedara detenido en mis pupilas


2

Salvo algunas palabras
todo es innecesario

Algunas cosas no van a cambiar nunca

Yo vivo repitiendo mil veces lo mismo


3

Ya ves
como un viejo elefante

vengo a dejarte mi marfil

martes, septiembre 01, 2015

viernes, abril 24, 2015

MAR DE LA INTENSIDAD






ALFREDO HERRERA FLORES



UNO
RITUAL DE LLEGADA Y JÚBILO POR LA SORPRESA
Eres casi de verdad
Oquendo de Amat
1.- Otra vez eres trébol que
            flamea en lo alto de una torre,
                                               ondulas,
                                               te meces,
            enamorada de una canción y
            un caracol que asciende al cielo.

            Tus ojos son los mismos:
            una sencilla manera de la alegría.

            Ahora, el mar embriagado
            por tu mirada inventa
            una flor de agua y la
            deja en la arena donde,
                                               además,
            escribe tu nombre, luego lo borra.
            Viene el mar a ver con tus ojos y se va con tus
Pasos infinitos.



EL FUEGO Y LA ROSA
Y el fuego y la rosa sean uno
Eliot
1
Otoño vuelve, y se posa,
                                   como un hoja amarilla
                                               a mitad de esta página
            puntual.
Sobre esta página descansan viento y tiempo exactos
y unos ojos que esto leen y escriben.
Otoño crece juntando palabras a través de mis huesos,
regando polen en las orillas de los caminos y el borde
            de las guitarras,
es la estación del silencio y esparce lluvia
como susurros, ardiendo, girando, cayendo,
inapelable como la palabra del moribundo.

Empujados por el amor, un amor sobresaliente y
            numeroso,
se acercan hasta las profundidades de sus pétalos,
blancos como destellos y esplendorosos como incendios,
para besarse, tocarse, introducirse uno dentro del otro.

Nada viene de lejos, nada es irrepetible,
cada sueño se profana en el fondo del corazón,
nada es transparente si hay fuego, si hay tierra
            ardiendo,
si hay manos abiertas. Recuerdos. Conciencia y
            memoria.
Quietud y dudas, escalofrío y entendimiento.
Oro y sombras envuelven sutilmente las afinidades
            del amor,
las heridas son de uno y otro,
el olvido alcanza a los amantes como frágiles
            relámpagos
y luego todo se diluye, como todo lo que viene,
en un suspiro de polvo y sueño.

Apenas una voz a la vez,
                                   a veces unas voces,
sólo vasos llenos de besos interrumpen las sílabas,
así es el preámbulo, la invención de la aventura,
Hay también silencio en el acercamiento.
Hay silencio súbito sobre las palabras, silencio sobre
            las voces,
y hay distancias entre los avisos y las miradas.

Siglos pasan antes de que la flor abra sus ojos y sus
pétalos,
antes de que el fuego se acerque a sus ojos ausentes.

Flor asombrada           por la tiniebla o el ardiente día,
flor de calor y perfume, néctar y luz,
magia y fantasía,
                        flor de la palabra y el aullido.

martes, diciembre 02, 2014

CHRISTIAN REYNOSO

Violencia étnica
El rumor de las aguas mansas: lo racial es lo político

El linchamiento de Cirilo Robles, alcalde de Ilave en el 2004, sirve de pretexto al escritor Christian Reynoso para ventilar en su novela fuerza y razones étnicas que adquieren presencia social y política en la región sureña de nuestro país.

Carlos Arturo Caballero

Durante los últimos años de su gobierno, Alejandro Toledo enfrentó un prolongado desgaste debido a los frecuentes conflictos sociales surgidos en el interior del Perú. En la sierra sur estos reclamos sociales, económicos y políticos adoptaron la forma de reivindicaciones etnoculturales de la nación aymara. El linchamiento de Cirilo Robles, alcalde de Ilave, en abril del 2004, se interpretó como una advertencia de las pretensiones aymaras a todo el país y como ejemplo a seguir por otras comunidades si es que sus reclamos no eran atendidos. El rumor de las aguas mansas (Lima, Peisa, 2013), segunda novela de Christian Reynoso (Puno, 1978), narra las oscuras circunstancias que decidieron la muerte de Robles.
 
Una repentina persecución obliga a Bruno Giraldo y Almudena a interrumpir su luna de miel y huir de la ciudad de Lago Grande. Aquel lleva consigo el manuscrito de la investigación periodística emprendida por su amigo Núñez acerca de lo sucedido en Ilave tres años atrás con el alcalde Fernando Godoy, masacrado en público por una turba enardecida. No obstante, los pasajes más intensos y mejor logrados se relatan en el segundo capítulo donde se detallan los entretelones de la revuelta popular convocada contra el alcalde de Ilave.

La novela sostiene una hipótesis reveladora: en nombre de la cultura aymara, los rivales políticos de Godoy convencieron a los radicales de que había llegado el momento preciso para ajusticiar a los opresores del pueblo; sus principales líderes vieron este ofrecimiento como la ocasión para exhibir a gran escala las demandas de la nación aymara; los contrabandistas, la oportunidad para desbloquear sus negocios; y los enemigos personales de Godoy, la hora de ajustar cuentas pendientes. El etnocentrismo de los movimientos pro nación aymara fue inteligentemente aprovechado por dos de los poderes fácticos más influyentes de la región: autoridades corruptas y crimen organizado. Sin embargo, la novela de Christian Reynoso explora una lectura más osada: rencillas personales, líos sentimentales y celos profesionales acumulados contra Godoy fueron la causa principal de lo sucedido en Ilave.

El título sugiere variadas connotaciones. Las «aguas mansas» que ocultan lo inestable bajo la apariencia de estabilidad: una leve agitación podría desencadenar una tragedia; ese rumor anuncia un inminente desenlace fatal que va construyéndose in crescendo. El rumor como metáfora de lo incierto, producto de malentendidos deliberados. Las aguas mansas también ocultan una intensa perturbación en los sustratos más profundos de tejido social que pugna por emerger, lo cual no podría suceder sino es con violencia. 
El relato muestra que lo racial organiza varias dimensiones de la vida social en aquella región. Godoy, cuyo segundo apellido evidenciaba su origen aymara, superó hábilmente la discriminación racial, gracias a la convicción que había lograr el éxito personal, profesional y político. Los líderes del Movimiento Juventud Popular Aymara sostenían una postura etnocéntrica a partir de la cual se asentaría la nación aymara. En lo académico, Godoy, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas, confrontó el discurso fundamentalista que sostenía la superioridad de la cultura aymara frente la raza blanca y mestiza. Al respecto, el apodo de Zorro Blanco es sumamente significativo: para sus enemigos, se trata de un sujeto astuto y con poder, cualidades que combinadas convierten a quien las posea en una amenaza; asimismo, es una referencia al homo politicus, es decir, a la imposibilidad de evadir las relaciones de poder que sitúan a cualquier sujeto dentro la matriz hegemonía/subordinación. Lo interesante de la novela de Christian Reynoso es que enfatiza las dos versiones más perversas de la política: el autoritarismo y la anomia.

La otra línea argumental cuenta los altibajos de la relación entre Bruno y Almudena, pero no alcanza la intensidad de la trama de Godoy; solo ofrece un marco para identificar a Bruno como un escritor atribulado por hallar tiempo para escribir lo que se perfila más adelante como una novela-reportaje inspirada en las vicisitudes que lo comprometieron con lo sucedido en Ilave.

Así como los grandes acontecimientos históricos, las revoluciones hiperideologizadas y las luchas políticas y sociales más extremas tienen como detonador situaciones anecdóticas, íntimas, sentimentales, tan menudas como los celos personales, los grandes proyectos literarios se originan en las luchas y renuncias de un escritor.

lunes, noviembre 24, 2014

Miguel Ángel Delgado Luján


Escribir para resucitar

Miguel Ángel quiere ser un hippie o un rebelde. Tiene catorce años, cinco hermanos y un programa de radio favorito, El Tocadiscos, donde trata de memorizar los temas de Santana y The Guess Who. Miguel Ángel vive y estudia en Arequipa. En su colegio ha ganado un campeonato de natación y todos los años participa en alguna actividad. También va a las fiestas con amigos que no le dicen Miguel Ángel sino 'Pato', un derivado de Bato, su nombre postizo, su identidad secreta. Ahí está entonces 'Pato', tan tímido, tomando valor para sacar a bailar a La Niña del Trigal, una rubiecita de doce, con lunares y hot-pants, que le recuerda mucho a una canción que el argentino Sandro ha puesto de moda. Estamos en 1969. Ese año, los padres de Miguel Ángel se hacen cargo de un hotel de la campiña en cuya piscina él se remoja por horas. Cuando no nada, explora los cerros con sus hermanos, construye cometas, o caza alacranes que luego hace pelear en una jaula de vidrio.


Una noche, sin embargo, la sólida felicidad de ese mundo se viene abajo. Se destruye. La visión de unas nubes oscuras y deformes en el patio parecen anunciar una tormenta que Miguel Ángel comenzará a vivir en su interior. Esa misma noche empiezan las primeras fiebres, acompañadas de unos hincones en la cabeza que él trata de amortiguar leyendo novelitas baratas de ciencia ficción donde los personajes de repente se hacen invisibles para siempre. De un día al otro, ni su voz se oye con la misma fuerza ni sus manos se mueven con la elasticidad acostumbrada. Los médicos desfilan delante de su cama: uno dice fiebre tifoidea, otro septicemia y un tercero —cuando Miguel Ángel ya ha dejado de hablar y su cuerpo es una piedra de tan rígido— da el diagnóstico más desconcertante o imbécil: engreimiento. 

Cuando 'Pato' supo que lo suyo era producto del ataque de un virus cerebral, ya se había acostumbrado a la cama del hospital, a alimentarse por inyecciones, a las escaras que aparecían en su cuerpo y lo hacían aullar, al cruel insomnio que no lo dejaba olvidar su tragedia ni por un instante. Como les ocurría a los héroes de aquellas novelas, sintió que él también comenzaba a hacerse invisible.   

Pero no. Miguel Ángel Delgado Luján, el 'Pato' Delgado, no desapareció. La otra tarde se presentó en la puerta de RPP y preguntó por mí. Allí estaba, convertido en un hombre de 58 años, sentado en una silla de ruedas conducida por su esposa, trayéndome sus libros, los muchos libros que ha escrito —pulsando tecla por tecla— desde que supo que quería ser escritor, desde que descubrió que tenía que serlo porque en esa rampante soledad de hospital, con esos indecibles dolores encima, lo único que lo ayudaba a sobrevivir era el sueño de escribir, de convertirse en otro a través de la escritura. "Te leo todos los domingos", me dijo, mientras me abrazaba con esos músculos que aún hoy, después de tanto batallar, solo le responden a medias. Y yo, que nunca he sabido cómo corresponder gestos de apabullante humanidad, solo pensaba en llegar a mi casa para escribir una columna que pudiera servir de algo. Una columna, querido 'Pato', que sea el torpe síntoma de mi más honda gratitud. 


Renato Cisneros 

La República Domingo, 09 de noviembre de 2014

sábado, septiembre 13, 2014




POETA
Uno toca la puerta del pequeño Hotel, y de alguna parte empiezan a caer las manzanas, las ventanas agitan sus alas, y la corbata del poeta se muere de risa. En su mano que es al mismo tiempo un pájaro y una tortuga, la acuarela de una línea de volcanes se derrama de luz. El poeta ha llegado en un avión de cuatro patas, desde donde los pasajeros arrojaban manojos de llaves, y se tragaban un lago por las ventanillas. El poeta apenas pisó tierra (alguna vez tenía que hacerlo, aunque sea bajando de un avión), desató el hermoso círculo de su abrazo para abrir un paraguas, y sacar delicadamente el origami de un rinoceronte del bolsillo de su saco, a la altura del corazón. El poeta se mira los zapatos y muestra sus calcetines dispares, azul y rojo, y al regalarnos una sonrisa, un paisaje de árboles con un sol enredado se levanta a sus espaldas. El poeta habla de futbol, de la sabia piel de las cebollas sumergidas en aceite de oliva, de los tristes y curvados cables de alumbrado eléctrico, y las fachadas bombardeadas de la fría ciudad a la que ha llegado. El poeta no habla de palabras ni papeles, ni de los otros poetas que caminan de puntitas en otros mapas. El poeta captura el silencio como si tuviera una cámara fotográfica, y ya sabemos que esas fotografías muestran las fijaciones submarinas de sus sueños. El poeta aprovecha que estamos dormidos, para robarse la noche y llenarla de insultos. El poeta se marcha, y vuelve a subirse a un avión, desde donde arrojará las palabras que nunca nos regalará.

miércoles, agosto 27, 2014

A 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE JULIO CORTAZAR.



CINCO ÚLTIMOS POEMAS PARA CRIS



















       
I

Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol
o tal vez
el amor.











       
II

Anoche te soñé
sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.
Ella desnuda en pórfido,
tú tersa piel desnuda.
       
¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje
que miraba a través de tu mirada
un horizonte eterno e implacable?
       
La taza de tus manos contenía
la libación secreta, lágrimas
o tu sangre menstrual, o tu saliva.
       
En todo caso no era semen
y mi sueño sabía
que la ofrenda sería rechazada
con un lento rugido desdeñoso
tal como desde siempre lo habías esperado.
       
Después, quizá, ya no lo sé,
las garras en tus senos, colmándote.
 












     
III

Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
cuando nos despedimos en tu hotel
después de un amistoso recorrer la ciudad
y un ajuste preciso de distancias.
       
Creí por un momento que me dabas
una cita futura,
que abrías una tierra de nadie, un interregno
donde alcanzar tu minucioso musgo.
       
Circundada de amigas me besaste,
yo la excepción, el monstruo,
y tú la transgresora murmurante.
       
Vaya a saber a quién besabas,
de quién te despedías.
Fui el vicario feliz de un solo instante,
el que a veces encuentra en su saliva
un breve gusto a madreselva
bajo cielos australes.
   











    
IV

Quisiera ser Tiresias esta noche
y en una lenta espera boca abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos
y tus tibias medusas.
       
Sabiendo que es la hora
de la metamorfosis recurrente,
y que al bajar al vórtice de espumas
te abrirías llorando,
dulcemente empalada.
       
Para volver después
a tu imperioso reino de falanges,
al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,
hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados
las arenas del sueño.
       
Pero no soy Tiresias,
tan sólo el unicornio
que busca el agua de tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal.
   













   
V

No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.

domingo, febrero 02, 2014

Maurizio Medo



HÁBITO

2.
Uno dispone de los objetos,
nunca del orden.

Si me ves con tal insistencia
no responderé
más a la realidad de lo que ves.

Orden es la estatura con la que
nos empinamos a la vida,
a pesar de padecerla.

Si te desnudaras…

Pero te resistes por los comentarios de la tele.
Cómo te duele oír que amor carece de forma
por su proximidad al espejismo.

Cierra la ventana.

Hasta el caos requiere cierto orden
- la Varela.

Ladra un perro.

Ruido: estampida de cualquiera cosa ajena a tu voz.

No, no es un perro,
lo sé por perro, no por sabio.

Mis ojos trascienden la mirada
sin reivindicar tu luz.

Cierra.

Descreo de ellos



Maurizio Medo

Del Libro SPARAGMOS

sábado, abril 06, 2013

La puerta del costado

Breña, Lima

...
Soñadores de metáforas,
aquí  dejo mis diáfanas palabras,
que no dicen más de lo que saben
ni esconden tras de sí, nada.

Esa puerta al final del camino,
que se dibuja sobre la calzada, 
puede ser abismo y espejo
si nos lleva a un mismo destino.

domingo, septiembre 02, 2012

CORRIENTES MARINAS


Playas del Sur. Lima



En una botella de mar a Yemy Aleman

Mis ojos 
ahora se llenan de mar
de vuelo rasante de  gaviotas
y pienso 
que tus labios deberían venir 
como acuden sin fin
la olas

A veces como una repetida caricia 
otras como un desenfrenado azote
a hundirse sobre la arena húmeda
de los míos

En ese viaje de espuma 
te ven mis ojos en su memoria
dibujando tus contornos
sobre la orilla

Mientras esperamos que se diluya
la sal de la distancia

lunes, agosto 13, 2012


Un reloj de arena es un libro
El tiempo una cascada de nostalgias



Verde corcel
atrapado en el pino
que reverbera
los violetas del atardecer

Hueles el aroma
de los bosques
que murieron por ti?

A tus veloces pies
lentamente se arma un paisaje
lleno de retos para la imaginación

Mientras el vapor doméstico
encaja perfectamente
en el rompecabezas del tiempo

jueves, junio 07, 2012

JUAN YUFRA Y EL DISCURSO DEL VERANO INCULTO.




La mayoría de los poetas finiseculares “descubrieron” el poema mas no la poesía. (Un cliché, no problem). Por eso descuidaron “su poética” y murieron por la pose. El gesto de construir un prototipo de la literatura para las masas no tuvo la conjunción de arte/poesía. En otras palabras, y pasado el tiempo, Vallejo, Oquendo, Hidalgo, Moro, Adán, Westphalen, Eielson, Varela siguen siendo “nuestros poetas”. Y de este nivel, y para los gustos más exquisitos, continuaron el trabajo Rodolfo Hinostroza, Juan Ramírez Ruiz, Enrique Verástegui, Vladimir Herrera, Mario Montalbetti. La lista sigue, es cierto, pero es necesario señalar que son los sujetos de un espejo negado.

Y aquí tiene importancia la impronta de la poesía en el scriptum moderno. Un ejemplo sería la aparición del libro Del Verano Inculto del poeta Vladimir Herrera (Lampa-Puno, 1950) que a grandes rasgos cuestiona el lenguaje de la poesía coloquial —muy de moda en los años 70— por otra más hermética y retroactiva.

Este volumen (Cascahuesos / Laguna brechtiana, 2011) guarda una similitud editorial con aquella que se imprimió en Valencia (“última capital de La República”, como señala el autor) en 1980, como si quisiera el poeta mantener la esencia del objeto que llega a nuestra manos. Herrera había dejado en el Perú una primera obra Mate de cedrón (1974), y un segundo, titulado Misa de negros, que se extravió. Su paso por Europa, sobre todo en España, donde va a residir, marca el proceso de su aprendizaje y de su maduración. Del verano inculto, puede convertirse en una obra maestra del autor, ya que ciframos en dicho libro la intertextualidad del discurso que surge de la poesía misma a la que enarbola como excusa y destino de un yo contrariado por expresar “la oscura piel del lenguaje de la poesía”. (Ya entonces Poesía era oscura como nada). Desde su primer libro donde recoge su experiencia de trasterrado, hasta el texto de Valencia, ocurre un viraje impresionante pues recurre a un barroco como exuberancia del arte moderno; esta empatía con “la gran poesía” de Martín Adán, con su retórica y su dialéctica no se encuentra en el nivel de la forma que el yo poético construye sino en la estrategia de experimentar con la metáfora de lenguaje humano; es decir, con la poesía que nombra lo desconocido.



A veces no hay nada más personal que la poesía y nada más bello que una idea púrpura; por ello Vladimir Herrera cuando nos dice que: “Hay un viejo mar en el principio” (sin exagerar demasiado, solo este verso puede iluminar la realidad del poeta), está perfilando su pensamiento y el saber de una necesidad humana por explicar el mundo y el origen de las cosas que el hombre deteriora con su existencia. Es así que el cuerpo y su sombra en la poesía de Herrera permanezca como infranqueable por los sentidos mundanos y su naturaleza sea más pedestre que esotérica.



En algunos casos el nivel del discurso erótico que se transfigura en tiempo y en espacio del poema cobra solo sentido en la cotidianidad de los elementos que enumera y en la relativa alusión a los principios de la naturaleza que va de la oscuridad a lo diáfano y transparente, del recuerdo a la vida que se goza y se contempla desde la vida misma. Del verano inculto es una celebración de la poesía; obra necesaria y unánime para los que ven en las palabras algo más que simples representaciones fugaces de la realidad que se comparte.


Juan Yufra.

(Tomado del blog: Laguna Brechtiana)